- El general Jorge Santiesteban, que es comandante en jefe de la Policía Boliviana, envió una carta al rector de la Universidad Policial, coronel José Piérola, ordenándole la inscripción de 54 cadetes en esa casa de estudios. La inscripción de esos cadetes es irregular debido a que sus postulaciones no pasaron por el control de una comisión interministerial encargada de detectar hechos de corrupción. En el pasado se registraron decenas de denuncias de que los postulantes a la academia policial estaban forzados (o dispuestos) a pagar coimas para ingresar. Ante esas denuncias, el Gobierno, con buen criterio, formó en 2010 la comisión mencionada.
El general Santiesteban, violando esa norma y eludiendo el trabajo de la comisión, ordenó por escrito la inscripción irregular y extemporánea de eso 54 jóvenes. Casi la mitad de ellos se había aplazado en un examen de ingreso anterior. Tanto Santiesteban como Piérola y el coronel Marco Ortuño, que era director de la Academia Nacional de Policía, señalan que la decisión de inscribir a los nuevos cadetes era parte del plan de incorporar en entidades uniformadas a jóvenes indígenas. Ello, se ha comprobado, no es verdad. Y hoy, aunque los padres niegan haber pagado por el ingreso de sus hijos, existen las mismas denuncias que en el pasado: que sí hubo sobornos a los jefes policiales.
Varios ministros, con sus declaraciones, han actuado bien porque informaron con transparencia que sus despachos no participaron de la comisión anticorrupción. Otros, como la ministra de Transparencia y el ministro de Gobierno, han ido más allá, pues demandaron que se esclarezcan los hechos y que los sindicados declaren ante la justicia.
También ha actuado bien el fiscal encargado del caso, Aldo Ortiz, que pidió el martes que se conforme una comisión de fiscales para seguir en el tema. Ortiz ordenó las declaraciones de los coroneles Piérola y Ortuño, que están bajo arresto domiciliario. El próximo citado a declarar es el general Santiesteban.
El país está ante un nuevo caso, muy claro, de irregularidades policiales. La carta y otras instructivas del general Santiesteban para que los cadetes sean incorporados y las disposiciones posteriores, enviadas por escrito, de los coroneles Piérola y Ortuño demuestran las anomalías de este caso.
Lo increíble es que el comandante de la Policía, ante tantas evidencias, no haya presentado ya su renuncia al cargo (o que el Gobierno no se la haya exigido).
El comandante anterior fue destituido debido a que fue acusado de conducir un automóvil presuntamente robado, que tenía placas clonadas. El escándalo de los 54 cadetes es mucho más grave.
Nota original: http://www.paginasiete.bo/2012-04-19/Opinion/NoticiaPrincipal/16Opi01190412.aspx

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