- Luego de 17 años de gobiernos alineados con la derecha, Francia decidió iniciar un giro a la centroizquierda. El candidato socialista francés François Hollande ganó la primera vuelta de las elecciones generales del domingo y pudo capitalizar el descontento contra el actual presidente conservador Nicolás Sarkozy. Los dos volverán al ruedo el 6 de mayo, en la segunda vuelta (balotaje), a la que el socialista llega con mayores posibilidades.
El triunfo del socialista no es casualidad. Analistas y el propio Hollande coinciden en que mucho tuvo que ver la molestia del pueblo francés contra Sarkozy. La crisis económica fue un duro revés, a lo que se sumaron las promesas incumplidas y una personalidad hiperactiva que no gusta a muchos galos. Incluso analistas franceses señalan que los comicios del domingo se convirtieron en un referéndum a favor o en contra de Sarkozy y sus cinco años de mandato. Fue la primera vez en más de cinco décadas que un mandatario en funciones no gana la primera vuelta electoral.
En el frágil equilibrio económico y político que vive Europa en este momento, la victoria del socialdemócrata Hollande tiene radical importancia. Quiere decir que las políticas de austeridad, impulsadas para el continente europeo por Angela Merkel y apoyadas por el FMI y el Banco Mundial, podrían tener un freno. La crisis europea ha sido enfrentada con las políticas neoliberales de reducir los déficits fiscales a través de limitar el gasto y, paralelamente, impedir que los impuestos a los más adinerados suban. Hollande, durante la campaña, señaló que si él llegaba al poder cambiaría esa política y que en vez de alentar la austeridad trataría de expandir el gasto y, de paso, subir los impuestos. De confirmarse su victoria en la segunda vuelta, ello podría causar tensiones entre Francia y su principal aliado, Alemania. Europa basa su débil estabilidad en el eje franco-alemán.
Pero las elecciones del domingo además arrojan otro dato: la sorpresa de la jornada fue la alta votación conseguida por la ultraderechista Marine Le Pen, del Frente Nacional (FN), con casi 18% de los votos. Le Pen logró su avance con un discurso antisistema, de corte populista, muy convincente en una etapa en la que el desempleo parece no tener soluciones a la vista. Varios líderes europeos mostraron su preocupación por ese avance, incluida la canciller alemana Angela Merkel. En Francia y en Europa se acusa a Sarkozy del avance de Le Pen debido a que él tiñó su discurso de propuestas radicales contra los musulmanes y la inmigración general
Tampoco fue baja la votación del Frente de Izquierda, que logró superar la barrera del 10% y obtuvo el voto de izquierda más alto en décadas.

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