martes, 17 de abril de 2012

La comunicación en un medio bilingüe

Juan de Dios Yapita



    Esta vez quisiera tocar un aspecto que considero importante en la comunicación. En nuestro medio paceño, la población está conformada mayormente de castellanohablantes y aymarahablantes, como vemos y podemos constatar. Algunos sábados me pongo a caminar por el mercado Rodríguez y sus alrededores. Las vendedoras de productos agrícolas son mujeres aymarahablantes y para comunicarse con los compradores tienen que saber algo del castellano, pero entre ellas se comunican en su lengua materna, la cual es el aymara. Por lo tanto, la comunicación en las transacciones de compra y venta se da hablando en aymara y en castellano en nuestro medio paceño. 

    Por ejemplo, una persona se asoma o se acerca a la vendedora de cebollas y se dirige a ella con la frase: caserita, tus cebollas ¿a cómo son? Y la respuesta es la siguiente: las cabezas están a diez la cuarta y la cebolla con cola, el 25 está a 15. Llévate pues, caserita, te voy a aumentar. Aquí la conversación es más amable. La compradora adapta el tono de voz castellano al tono del aymara. Lo que ocurre es que estamos viviendo en un ambiente de dos culturas con hablas diferentes, por lo que, lingüísticamente, el tono de voz influye en la comunicación. 

    El idioma aymara tiene un tono diferente al del castellano, entonces la vendedora aymarahablante espera de sus interlocutores castellanohablantes ese tono propio de su lengua para que se dé un sentido práctico de complementación. Si se toma en cuenta este aspecto, siempre habrá entendimiento, una buena comunicación; de lo contrario, siempre habrá incomprensiones. 

    He podido percibir que en el mercado Rodríguez y su contorno, entre las vendedoras, que son personas ya mayores, hablan aymara y entre ellas se comunican en su lengua materna. Y sus hijas, si continúan en el mismo rubro, entre ellas hablan también, manteniendo de ese modo vigorosa, fuerte y con orgullo la cultura aymara; la permanencia de la lengua aymara radica en el habla viva de las mujeres. Son ellas las que mantienen la lengua vigente. Me imagino que en la zona Sur, las vendedoras son aymaras, pero hablan más el castellano porque la población castellanohablante es mayor en alguna proporción. 

    En el mercado Rodríguez conversaba con algunas vendedoras: Preguntaba: señora, apillasti, qawqhasa. ( Señora, ¿y sus ocas?) La respuesta fue: Cuartax diezawa, apasimay phayt’ayasitawa. (La cuarta es diez, llévate, te haces cocinar.) Pregunté: Kawksasa. (¿De qué parte es? Respuesta: Sorexayawa. (Es de Sorexaya).

    Después conversé con otra vendedora: Allwirjamasti. (¿Sus arvejas?). Respuesta: Sapa montonax dos pesowa, alasitay (Cada montón, dos pesos. Por favor, cómprame) Pregunté: Kawksasa.(¿De dónde es?). Respuesta: Sorat’awa. (Es de Sorata). Después de la conversación tuve que comprarle cuatro montoncitos (qutu) y ella quedó contenta y en la despedida: Jutakïtapï (Vas a venir nomás, pues) Walikiw sarawayxä (Está bien, me voy). Me retiré. En otra oportunidad, un domingo por la tarde, igualmente en la Rodríguez, me asomé a la vendedora de papaliza y le pregunté: Señora, papalizasti (Señora, ¿la papaliza?). Respuesta: Cuarta diezaw, apasimaya (La cuarta es diez, llévate). Chikat churita (Dame la mitad). Akax escogesim (Aquí está, escogete). Yo le dije: Aka naylunar churita. (Dame en este nailon). Kawksasa (¿De dónde es?). Respuesta: Cochabambawa (Es de Cochabamba). Y pregunté por curiosidad: Alasirix jumar aymaratt parltamä castellanotcha (¿Las que le compran le hablan en castellano o en aymara?). Respuesta: Yaqhip señoranakax aymarat parlt’itu. (Algunas señoras me hablan en aymara). Yaqhip alasirix p’inqasirakiw aymarat parlaña (Algunas compradoras tienen vergüenza hablar aymara). Y le dije: Jichha televionans cholitanakarakis parlixa (Ahora incluso cholitas hablan en TV). Respuesta: Parlx parlipï castellanotaki parlix. (De hablar, hablan, pero sólo en castellano). Aymarat parlaspax walispaya (Si hablaran en aymara, qué bueno fuese). La conversación con cada una de ellas fue muy amena y agradable. 

    La comunicación entre la gente bilingüe funciona en un ambiente normal, cuando se superan las diferencias. Lo que se desea es que haya una convivencia de amplia comprensión entre la ciudadanía, porque saber idiomas amplía la visión de las personas en sus conocimientos.


    Juan de Dios Yapita es lingüista.

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