- La economía boliviana muestra grandes posibilidades como enormes desventajas en el momento de orientar su desarrollo. Más allá de contar con riquezas naturales, Bolivia puede y debe pensar en cómo engranar los sectores que son objeto de inversión con actividades que, de recibir la atención del Estado, podrán ser la base de un próspero futuro.
Con los recursos que ahora cuenta el Estado boliviano se destina un elevado porcentaje del PIB, próximo al 9%, para la construcción de infraestructura, particularmente caminera. En América Latina este promedio se encuentra por debajo del 5%. Es inversión de larga maduración y, aunque se tenga que esperar por sus resultados, repercutirá favorablemente tanto en la producción como en mejorar la distribución del ingreso. Este último aspecto, que no es el que maneja el Gobierno, es de tal trascendencia que sorprende no sea exhibido como un componente.
Asimismo, todo indica que la gran inversión en infraestructura no nace de un diseño realizado con antelación que permita otorgar prioridades a las necesarias vinculaciones regionales o a la conclusión de corredores bioceánicos. Tampoco establece la posibilidad de desarrollo en otros medios de comunicación, como el ferrocarril, o fuentes alternativas de energía, en las que el uso de esos recursos necesariamente se articule con el desarrollo productivo local y regional.
Por otra parte, los enormes recursos que desde 2003 se acumulan en las reservas internacionales (RIN), no están siendo ni sabia ni prudentemente utilizados. Estos recursos pueden presentarse abultados hoy y dejar de serlos mañana. Es fundamental generar la amortiguación necesaria para el momento en que las condiciones internacionales que dieron paso a esa gran acumulación, cesen y se enfrente una caída de los precios internacionales que presionará la misma existencia de las reservas.
Los recursos con los que ahora cuenta el Estado boliviano no los tuvo nunca. Esta afirmación, que ya es lugar común en los discursos oficiales, no encuentra el planteamiento deliberado del uso de recursos destinados a desarrollar una diversidad de factores productivos que impulsen áreas tales como: la investigación en energía, oportunidades de mercados externos, perfeccionamiento de actuales procesos productivos y generación de economías de escala en la agricultura o en la transformación de materias primas en productos intermedios que en grandes cantidades ahora se importan. No es necesario que el Gobierno participe en estas áreas pero es necesario que les dé la debida orientación, atención y apoyo para que los gobiernos regionales o locales, así como la empresa privada, participen de su desarrollo.
Nota original: http://www.paginasiete.bo/2012-04-13/Opinion/NoticiaPrincipal/16Opi00113-04-12-P720120413VIE.aspx

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