Gonzalo Chávez
- En medio de conflictos, paros, ciudades colapsadas por marchas y contramarchas, desde el árbol del poder se ha anunciado que una nueva ley retiraría la independencia del Banco Central de Bolivia (BCB). Por supuesto, en términos comunicacionales, un tema de esta dimensión no compite con el tsunami social en curso y es noticia secundaria un par de días. Pero desde esta humilde trinchera-columna intentaremos debatir sobre el tema por su trascendencia económica y financiera.
Propongo abordar el tema de independencia del BCB, primero, desde una perspectiva teórico conceptual y, segundo, a partir de una mirada histórica. Vale la pena comenzar definiendo qué se entiende por independencia de un banco central. Se trata de diferentes grados de libertad que puede tener la política monetaria y, por supuesto, el presidente y directorio del ente emisor a la hora de tomar decisiones sobre las tasas de interés, la cantidad de moneda en circulación, los niveles de encaje legal y la administración de las reservas internacionales, para mencionar sólo algunos instrumentos de política monetaria.
¿Independiente en relación a quién? Pues tanto en relación al sector privado como público. En este último caso, independiente de las acciones del Banco Central a las presiones de origen político, particularmente de otras instancias del Estado y en especial del Ministerio de Hacienda o Finanzas, que es responsable de la política fiscal (gastos e inversión pública y estructura de impuestos).
Existe evidencia empírica internacional que muestra que bancos centrales sin independencia actúan como la caja de los políticos en funciones de gobierno, en especial en periodos electorales. En otras palabras, usan créditos y/o recursos del Banco Central para expandir el gasto público que podría aumentar la inflación.
El blindaje institucional está asociado a uno de los objetivos primordiales del Banco Central, a saber: la estabilidad de los precios que es una condición fundamental, aunque no suficiente, para el crecimiento económico de largo plazo. Es decir que sólo un banco desconectado del ciclo político sería capaz de alcanzar este objetivo. Por lo tanto, la idea de independencia no implica libre albedrío sin ningún control administrativo, y sí está vinculada a las acciones de política monetaria. Además, un manejo monetario sin injerencia de la política es un mecanismo para anclar las expectativas de inflación de la población, en especial en países con historia de descontrol de precios. Una forma de señalizar a los agentes económicos es el establecimiento de metas de inflación (inflation targeting).
En el caso boliviano, todos los años el Gobierno establece una meta de inflación que permite que consumidores y empresas tengan un horizonte de certidumbre para realizar sus compras y negocios.
Entre las críticas a la independencia del Banco Central está que sus objetivos no pueden reducirse al control de la inflación, la política monetaria también debería coadyuvar a mantener un tipo de cambio competitivo y a apoyar el desarrollo económico, por ejemplo. En este contexto, el desafío de una política monetaria contemporánea consistiría en ampliar los objetivos de la banca central, pero que no implique la pérdida de cierta autonomía. Entonces, la tarea más bien sería implementar mecanismos de coordinación con otras políticas macroeconómicas, en especial con la política fiscal. La forma en que se mantenga la estabilidad de precios no puede serrucharle el piso a las políticas de apoyo productivo.
Otra forma de abordar el tema de la independencia del Banco Central se alimenta de la historia económica y política de un país. Economías como la boliviana que han vivido el trauma de una hiperinflación de 11.000%, como a mediados de los años 80, deben ser cuidadosos con su diseño institucional a la hora de manejar la política monetaria.
En nuestro caso, la estabilidad de precios se ha convertido en un bien público, más aún en un patrimonio nacional que se ha construido bajo los criterios de independencia del BCB. Siempre es un riesgo jugar con la memoria colectiva y los imaginarios de la población, que son uno de los pilares de la estabilidad. Además, en el caso boliviano, en los últimos años, el tema de la independencia es nominal, porque en la práctica ya se ha vuelto al control del BCB por parte del Ministerio de Finanzas, los ejemplos más claros son el crédito que el ente emisor dio a YPFB y la reciente creación de un fondo de desarrollo productivo con el 10% de las reservas internacionales. Por lo tanto, ya las señales son en otra dirección y aún no sabemos sus consecuencias debido a la bonanza externa que vive nuestra economía.
El BCB ya perdió su virginidad y sus resultados aún los veremos en el futuro. En mi opinión, el debate más bien debería estar centrado en la diversificación de los objetivos macroeconómicos y productivos de la política monetaria respetando la institucionalidad del BCB y tomando muy en cuenta la historia de la hiperinflación en Bolivia, que tuvo entre una de sus causas la emisión inorgánica de dinero, como decían nuestros abuelos, o el abuso del señoreaje, como diríamos en nuestros tiempos.
Gonzalo Chávez A. es economista.

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